Hay una
inevitable realidad que ataca a todo aquel pájaro enjaulado que ansia la
libertad de los cielos no surcados, esta es, extrañar el nido. Y he dicho el
nido, no la jaula. Los barrotes no se extrañan, se extrañan las raíces que te
formaron libre y ansioso del mundo. Es la
absoluta paradoja del migrante.
El primer
mes es el difícil. Cuando llega el momento en que tomas conciencia de que estás
del otro lado del mundo y de que vas a seguir despertando en quién sabe dónde y que
quién sabe qué te va a esperar cada día. Te dejas sorprender por las
maravillas que la novedad ofrece a tus ojos ávidos de vida, pero regresas a la
ausencia, a la soledad de un cuarto vacío e impersonal.
Hay que
volver a echar raíces: deshacer las maletas, adueñarte de los lugares y las
personas, hacer tuyos los colores nuevos, los exóticos paisajes, escoger tu
rincón favorito donde sentarte a leer, dónde ir a tomar café, tu sabor y aroma preferidos, reconocer los letreros de las calles,
ubicar a los vecinos, comenzar a mirarlo todo con cierta familiaridad
reconfortante… Para, al volver, recordar la curiosidad de los primeros días, la
efímera familiaridad que tomó aquel extraño mundo de repente.
Con los meses, los lugares se
nos cuelan en las entrañas y nos parten las raíces, que se esparcen por los sitios en que hemos habitado
y las personas con quienes hemos convivido. Vamos siendo
más del mundo y menos de nosotros mismos…Pero todo eso viene después. Añorar y
sentirse solo lejos de casa es prácticamente inevitable en el primer mes. Hay
que tener siempre a la vista lo que viene después. Hay que resistir y encontrarle el sabor a ese sufrimiento tan peculiar, reservado para los pocos que abandonan el nido, por gusto o porque la vida así lo dispone.
Nadie dijo que iba
a ser fácil.
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Hola, Ana, una grata sorpresa tu blog. Efectivamente, el primer mes es abrumante y estruja el cerebro y la vida. Pero tú vas a regresar en diciembre, es tu consuelo y tu esperanza: te espera tu patria, la familia, el trabajo. Piensa que peor estamos nosotros, los exiliados de por vida, divididos entre dos países, el dolor de la lejanía y el reto de construir una nueva vida. Mientras, vemos cómo la patria lejana desaparece y se hunde, sin cambios. Y entonces sabemos que no hay retorno y que la vida nos ha signado una nueva tierra.
ResponderEliminarÁnimo y adelante.
Yamilet, la que tanto te molesta con tus textos.
Gracias por darte la vuelta por acá Yamilet. Si, al escribir también pensé en toda la gente que conozco que ha dejado su país por que la vida así lo ha dispuesto y lo doloroso que debe de ser estar lejos de por vida. Espero que en México hayas caído en blandito :)
EliminarSaludos